El tiempo es el mejor autor en el libro de la vida

"Ser hoy es un riesgo de extrema valía
Ser hoy es ser despierto o seguir sin vida
Ser hoy es semilla de un nuevo día"
Aliados

Recorres un laberinto, te encuentras con las interrogantes que hasta hace unos años te perturbaban, pasas por las noches de somnolencia a las que estabas habituada y una paz empieza a invadirte. Entonces te das cuenta que era cierto: "el tiempo puso todo en su lugar", como solía repetir tu madre. Llegar a ese estado estoico no fue sencillo y precisamente por eso quise escribir al respecto, ya que creo firmemente que sí no somos capaces de valorar nuestras luchas internas nadie más lo hará.


Siempre habrá algún adulto que dirá ¿qué perturba a una adolescente?, y de la misma forma se manifestará un adolescente al referirse un niño. Y ese tal vez es el principal error, subestimar las emociones y luchas del otro porque nuestra experiencia fue distinta, o porque la memoria es selectiva y hemos olvidado que en algún momento estuvimos en similar situación. Lo que en tal vez todos coincidimos, es que al crecer vemos las experiencias desde otra perspectiva.

Sé que no soy la única que ha experimentado esa sensación de desesperanza en algunos hitos de su vida. Con frecuencia los seres humanos somos anacrónicos: vivimos con nostalgia debido al pasado, ansiedad respecto al futuro y descuidamos nuestro valioso presente. Y así repetimos un circulo nocivo para nuestra estabilidad emocional. En nuestro afán por controlarlo todo, no le damos el valor que se merece a nuestras vivencias. Por eso, este escrito busca ser un reconocimiento a todas esas victorias internas.

A mi yo más joven le tengo mucha gratitud y comprensión. Por lo que solo le diría: "lo hiciste bien". Dejamos de preocuparnos por las apariencias y fuiste cada vez más autentica. Te alejaste de personas que solo se relacionaban contigo por interés y acercaste a personas que conocen tu esencia, rechazaste propuestas laborales que te habrían causado conflictos éticos y que prometían altas remuneraciones por opciones en las que se respetaban tus principios más básicos, dejaste de callar y omitir tu opinión y aprendiste a expresarla. 

Algunos criticaron tus decisiones, te dijeron que fuiste ingenua, que en un mundo como el actual no podías actuar de forma ética, intentaron convencerte que las excepciones eran normales. Sin embargo, no cediste y por eso estoy orgullosa de ti. Quisieron juzgarte y cuestionar que fueras selectivas con tus amistades, incluso alguno sugirió que eran signos de grandeza, pero hoy finalmente ves que elegiste bien: son precisamente ese grupo selecto el que se quedo cuando esas personas desaparecieron.

¿Recuerdas que solías juzgarte por reflexionar sobre las cosas? Ya no lo haces, lo aceptas como una de tus virtudes y que te han ayudado a tomar buenas decisiones. ¿Recuerdas que creíste que 'morirías' cuando el chico de la radio te lastimó? No lo hiciste, te volviste a enamorar y tu primer amor fue correspondido. Sentiste intensamente y aprendiste que hay cosas que simplemente deben ser, y otras que deben seguir su curso.

Estoy convencida que la aceptación y autenticidad siempre fue el camino, que cada experiencia contribuyó a convertirme en la persona que soy ahora. Dejar de intentar impresionar y mostrarnos con nuestras tonalidades es lo que nos hace humanos. Y es que al final uno entiende que no necesitas ser perfecta, basta con ser real. 

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