A mi hermana menor: vive sin arrepentimientos
Te observo intentando comprender la levedad de la vida y sé que probablemente tienes muchas interrogantes invadiendo tu mente. Tu bondad y calidez humana te lleva a sentir como propio el dolor de tus seres queridos, una característica que intuyo viene de familia. A veces me gustaría hacer algo más que abrazarte para poder cargar tu dolor, pero entiendo que el dolor forma parte de la vida y que es necesario experimentar la perdida.
Hoy tal vez te preguntas por qué una niña de apenas 24 años dió su último soplo de vida tras un fatídico accidente, tal vez tu mente te lleva a aquella noche en que nos enteramos que papá había partido de este mundo terrenal. No es fácil, pequeña. Una vez que la muerte nos acecha no hay palabra que encuentre sentido, ni arrepentimiento que cambie el pasado.
Con el tiempo comenzarás a ver la muerte como una vieja amiga, aquella que te recuerda que somos finitos y que cada día es una oportunidad. Con frecuencia los seremos humanos tendemos a olvidar que no somos eternos, muchas veces hay palabras que se quedan estancadas y sin ser escuchadas porque decidimos postergar. Como tu hermana mayor solo puedo decir que sí necesitas decir o hacer algo solo hazlo. Es mejor tener experiencias que contar, que vivir con la tortuosa pregunta del ¿Qué hubiera pasado si?
Da todo de ti en cada paso de tu vida. Ama, sufre, ríe, llora con intensidad. Cada emoción te hace humana y te ayuda a conectarte contigo misma. Tienes el derecho a equivocarte, a volver a empezar, a acercarte a tus sueños y vivir conforme a lo que deseas. Pero hazlo día a día, no dejes que el tiempo pase y que otros conduzcan tu vida. Cuando apagues la voz de los otros y escuches principalmente tu propia voz, estoy segura que podrás lograrlo. Vas por muy buen camino.
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