Un camino tortuoso: la perdida como punto de partida

“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre”.-Gabriel García Márquez


Apenas ha transcurrido un mes desde su partida y aún todo parece un sueño. La mirada cristalina no ha desaparecido, pero los recuerdos poco a poco cambian de tonalidad. Nuevas percepciones se empiezan a generar, existe más predisposición al desapego y una férrea esperanza en que con el tiempo todo encontrará mayor sentido. Sin embargo, aún es demasiado pronto para saber cómo terminará este viaje personal. 

Hay momentos en que dudo si esta sensación de vacio desaparecerá, si podré volver a sentir alegría en nuestro hogar. Estamos tratando de crear nuevos recuerdos, incluso le hicimos un espacio. Es un lugar sencillo pero que encierra muchos sentimientos. Resalta una fotografía en la que me miraba con ternura y devoción, cuando apenas tenía pocas semanas de vida. El espacio también está acompañado de una biblia, fotografías que lo representan y su peculiar incienso. Sé que disfrutaba ese olor cuando solía meditar o leer. También pusimos sus lentes, esos que no le gustaban usar pero que le ayudaron en su camino a alimentar su espíritu y mente. 

Al principio intente no ver sus vídeos, sus fotografías, pero sentí que era innecesario ya que de todas formas lo tengo presente diariamente. No hay día en que no pase por mi mente. Ya sea cuando estoy en mi cuarto y miro la puerta, esperando a que me vuelva a decir "Hola, baby", o cuando me siento triste y ansió sus abrazos, esos que me hacían sentir en el lugar más seguro del mundo. Ya no escucho los mensajes presidenciales, no se siente igual si no tengo sus opiniones. Muchas cosas han perdido sentido desde que ya no está.

Aún no sé cómo despedir a un ser amado, cómo aceptar no solo racionalmente, sino en el corazón, que esa persona no volverá jamás. No sé tampoco si deba aceptarlo, siento que tal vez puedo aferrarme a él y guardarlo en mi memoria, hacerle un lugar en mi corazón para que esté conmigo para siempre. Supongo esa resistencia interna cambiará en algún momento. Pero ahora sólo sé que la vida está cambiando y que no hay culpables en esta historia. 

Desde que se convirtió en cenizas he tenido tiempo para ordenar prioridades, para empezar a pensar más en lo que debería hacer ahora que no está. Aún sigue siendo mi guía, y siempre lo será, pero creo que es momento en que encuentre mis propios motivos para así partir sin remordimientos cuando llegue mi hora. Quiero irme así como él lo hizo, en paz. 

En mi mente existe algunos bosquejos que me gustaría aterrizar: desde voluntariado en educación y albergues animales, hasta la creación de un espacio propio para compartir mis conocimientos de Inglés. También me gustaría migrar en algún momento para poder contribuir a fortalecer medios comunitarios en provincia. Creo que es una trinchera desde la que puedo aportar y dejar mi grano de arena en el mundo. 

Tengo más firmeza por aferrarme a esos sueños porque para mí la vida se hace cada vez más efímera. Antes creía que siempre habría una oportunidad y solía postergar cosas, ahora siento que no puedo darme ese lujo porque no controlo mi destino. Supongo eso explica parte de la ansiedad y la sensación de que se me agota el tiempo 

Lo anterior también me ha dado mayor claridad respecto a quiénes son los incondicionales en mi vida. A esas personas les agradezco el apoyo genuino. No sabía que con pequeños gestos había dejado esa huella en la memoria de algunos. Me enternece el corazón saberlo y espero continuar fortaleciendo esos lazos. 

Sé que tenía sueños para mí, y sé también que no siempre coincidió con mis decisiones, pero siempre las respetó y eso hace que aún ahora tenga confianza en que lo que sea que haga lo haré de forma auténtica, tomando como referencia los principios que me inculcaron y también los que aprendí a valorar al crecer. Al final, sé que mientras viva de esa forma podré mantenerlo en mi presente. Seguirá aquí porque no lo olvidaré, ni a él ni todo lo que representa. Hasta que nos volvamos a encontrar. 

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